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GATOS VOLADORES Y OTROS ANIMALES MISTERIOSOS


De la misma forma que el origen de los relatos indígenas del río Lambwe era una mutación genética, en este caso un hipopótamo albino, un sinfín de extrañas y caprichosas mutaciones genéticas han venido a unirse a estos misterios del mundo animal. En algunos de estos casos, la más fructífera imaginación palidece ante los hechos reales. Si alguien nos preguntase, por ejemplo ¿los gatos tienen alas? deberíamos responder que no. Sin embargo... 



La Historia está repleta de pintorescos "pegasos felinos" que siempre han acaparado la atención pública. Uno de los casos más célebres se produjo en 1959. Ese año, el joven Douglas Shelton rescató de un árbol en Pinesville —Virginia Occidental— a un hermoso gato que presentaba una característica insólita: cuando se enfadaba agitaba con fuerza unas pequeñas alas que poseía a ambos lados del lomo. Pronto la noticia llegó a los periódicos y el pequeño Thomas —así lo llamaron— se convirtió en la estrella de Pinesville. La gente hacía inmensas colas para poder contemplar de cerca el maravilloso felino. 

Un buen día, una tal Mrs. Charles Hicks se presentó en la casa de la familia Shelton afirmando que Thomas en realidad se llamaba Mitzi y que le pertenecía, asegurando que días antes se le había escapado. La historia concluyó cuando, tras un juicio por la tutela del gato que ganó el joven, en la siguiente muda de piel Thomas/Mitzi perdió las alas que se convirtieron en dos bolas de pelo. 

El caso del gato alado de Pinesville no nos cogió de sorpresa en España, ya que nueve años antes, en 1950, nuestro país vivió una auténtica oleada de "pegasos felinos". Como relató con detalle el ABC, en mayo se localizó el primer caso. Se trataba de Angolina, una gata con alas propiedad de D. Juan Prieto. El 1 de junio se descubría en Huelva otro gato con sendas alas en los costados. Esta vez era un hermoso ejemplar de gato persa. El 10 de ese mismo mes se anuncia el parto de 8 crías de Michi, otro gato alado, esta vez en Sevilla. Un mes más tarde se descubre otro ejemplar en Madrid: Dinka. Para colmo, este gato madrileño no tenía uno ¡sino dos pares de alas! El 9 de julio, en Espíel aparece otro caso, pero con la salvedad de presentar unas patas delanteras más cortas que las traseras. Una especie de gato-canguro alado. El 28 de julio, en un cortijo de Puerto Lope (Granada), aparece otro gato de angora con alas... Y así se han producido numerosos casos de esta pintoresca mutación genética. 



El último que tuvo relativa repercusión informativa se produjo en los años 80, en la población coruñesa de O Grove, donde un nuevo felino alado, propiedad de D. Juan Bravo, atrajo la curiosidad de vecinos y forasteros. Es sólo un ejemplo. No se trata de nuevas especies felinas, ni de la reaparición de un fósil antediluviano. Es una extraña mutación genética que en ocasiones ha generado en pequeños núcleos rurales las más pintorescas explicaciones sobrenaturales. Y lo mismo ocurre con otro sinfín de mutaciones genéticas animales que podrían ocupar volúmenes enteros. Algunas francamente espectaculares... 

En la población gerundense de Banyolas se encuentra el Museo Darder de Historia Natural. Durante la celebración de los Juegos Olímpicos de 1992 en Barcelona, el museo fue centro de una acalorada polémica al incluir entre sus elementos un ser humano —un guerrero bosquimano— disecado, lo que desató encendidas acusaciones contra la directora de dicho centro. Pero ya había conocido el Museo Darder años antes de todo este asunto, cuando investigaba sobre mutaciones animales, ya que en dicho museo se conservan algunos fantásticos casos de mutación genética expuestos al público. 

La historia de este museo se inicia en 1916, cuando el veterinario y experto taxidermista barcelonés Francesc Darder -que llegó a dirigir el Parque Zoológico de la Ciudad Condal- hacía donación de trescientas piezas disecadas -en su mayoría aves- a la localidad de Banyolas. A esas 300 piezas, entre las que ya se encontraba el bosquimano disecado que en 1992 desataría la polémica, fueron uniéndose muchas otras con el paso de los años, hasta reunir las 1.100 actualmente expuestas en el museo catalán. Pero entre esos objetos expuestos, media docena despiertan especial curiosidad en el visitante por tratarse de malformaciones genéticas a cual más espectacular:

Un pavo con cuatro patas, un cordero con dos cabezas, dos terneras unidas por un solo cuerpo y con siete patas —una de ellas hacia arriba—, o un cochinillo provisto de una singular trompa en medio de la cabeza, son algunas de las sorpresas que aguardan al visitante. 

Mis pesquisas en Banyolas me llevaron al responsable de la donación de esas y otras extrañezas naturales, el Dr. Pedro Comas Maserau. El Dr. Comas, licenciado en la facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza en 1960, se ocupó del parto de algunas de las mutaciones expuestas en el museo Darder. Según me explicaba, con frecuencia era requerido por los campesinos y granjeros de Banyolas cuando el parto de un animal se complicaba, y a veces se sorprendía al descubrir que el origen de esas complicaciones era un animal mutante. "En alguna ocasión", me relataba el Dr. Comas, "he tenido que utilizar una sierra para partir al hijo y poder salvar a la madre, pero en otras ocasiones la cría llegó a nacer y al tratarse de una mutación los propietarios prefieren deshacerse de ella. Siempre encuentran una explicación sobrenatural para justificar esas malformaciones: brujería, un hechizo... y así es como he podido donar al museo algunos de esos casos. 

El Dr. Comas fue el autor, en los años 50, de una de las primeras clasificaciones científicas de mutaciones y malformaciones genéticas animales. Lejos estaba él de suponer entonces, que años después sería el responsable de traer al mundo algunas de las mutaciones que había clasificado teóricamente en sus estudios. Como bien señala el Dr. Comas la ignorancia se viste de superstición en estos casos, y los mismos granjeros que ven como su vaca trae al mundo un ternero con dos cabezas y siete patas atribuyen a alguna maldición o hechizo esotérico ese incomprensible fenómeno. Tal vez si cambiamos la oración por pasiva descubriremos en las malformaciones genéticas la explicación a muchos mitos esotéricos... 




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