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AVISTAMIENTOS OVNI: EL CASO AS GANDARAS



LA OLEADA GALLEGA

Martes 28 de noviembre de 1995
Cuartel de As Gándaras (Lugo)
08:30 PM

El soldado de guardia echó un nuevo vistazo a la pantalla del monitor. Las rutinas guardias nocturnas en el cuartel en que cumplía su servicio militar solían ser monótonas y mortalmente aburridas. Nunca pasaba nada. Nunca, hasta esa noche.


La cámara del circuito cerrado de TV rastreaba los alrededores de la Base vigilando que ningún intruso profanase el perímetro del cuartel. De pronto, al echar un nuevo vistazo al monitor, el recluta sufrió un sobresalto. ¿Qué era aquello? A unos metros por encima de la alambrada, y diferenciándose perfectamente de los focos de la Base, un objeto luminoso de forma aparentemente oval, aparecía suspendido en el espacio. Los OVNI habían vuelto a manifestarse impunemente en los cielos de Lugo. Era el colofón a una sucesión de avistamientos que la ciudad gallega estaba viviendo en los últimos días. Pero la visita de los No Identificados a ese polvorín del Ejército de Tierra había comenzado apenas cuatro días antes, cuando numerosos vecinos de la zona pudieron observar la presencia de “platillos volantes”, que invadían impunemente el espacio aéreo nacional....

Jueves 23 de noviembre de 1995
Redacción del diario “El Progreso”, Lugo
08:30 PM

Goyán, joven redactora local del diario lucense “El Progreso”, descolgó el teléfono por inercia y se encajó el auricular en la nuca mientras se servía el enésimo café. Los cierres de edición siempre son frenéticos, y el café ayuda a mantener el ritmo de la imprenta. Al otro lado de la línea un hombre de mediana edad la informaba de que acababa de ver un “Platillo Volante” sobre el campo de fútbol de As Gándaras, mientras conducía su coche desde O Ceao en dirección a la Estación de Ferrocarril. Según me confesaba la periodista, cuando la visité en la sede del periódico, su primer impulso fue el de colgar el aparato pensando que se trataba de una broma. Pero pocos minutos mas tarde el teléfono de la redacción volvió a sonar. Ahora era una mujer mayor, vecina de As Gándaras, la que informaba de que acababa de contemplar un objeto extraño sobrevolando la zona. “Mas que asustarme –decía la denunciante- estoy extrañada, porque tengo ya muchos años y nunca he visto cosa semejante...”.

Goyán garabateó unas notas y colgó el teléfono entre molesta y curiosa. La broma estaba yendo demasiado lejos. ¿Quién podía estar cachondeándose de ella con historias de marcianos, al borde del cierre de edición? 


El repiqueteo del teléfono la devolvió a la realidad. Esta vez otro denunciante, de nuevo varón, de madura y tono convincente, aunque algo agitado por la emoción, reportaba un nuevo avistamiento OVNI en la misma zona de As Gándaras. Este nuevo testigo aseguraba haber visto un objeto No Identificado que desprendía grandes destellos, volando a muy baja altura. La suficiente para que pudiese distinguir “grandes ventanales” en el objeto, y se aventurase a afirmar que “no se veía a nadie en el interior”...

Y así, la escéptica y aséptica periodista se vio envuelta en una extraordinaria historia ufológica, insólita en toda su trayectoria profesional. Al parecer un “platillo volante” de grandes ventanales y “una cola de colores azul, rojo y amarillo” estaba cruzando el cielo lucense de As Gándaras, “volando muy bajo”, pero muy rápido, y en dirección a la carretera de La Coruña. Inmediatamente, como no podía ser de otra forma, la reportera de “El Progreso”, en compañía de Agrelo –uno de los fotógrafos del periódico- salió disparada hacia la zona de As Gándaras. Sin embargo no pudieron encontrar nada extraño.

Ni los internos de la residencia de la Tercera Edad de As Gándaras, ni los encargados de los bares de la zona, ni tampoco los jugadores del equipo La Comercial, que entrenaban en el campo de fútbol cuando llegaron los periodistas, declararon haber visto nada anómalo. La aventura ufológica de los reporteros lucenses había dorado poco.

Para colmo, al regresar a la redacción, su compañero y jefe de sección, Paco García Gómez –según me relataría él mismo en dicha redacción- les facilita un teletipo llegado al periódico unos minutos antes. Según esta nota de agencias, entre los días 9 y 12 de diciembre, ocho globos estratosféricos serían lanzados desde la Base Aérea de la Virgen del Camino, en León, en el transcurso de un proyecto meteorológico militar. “Los vecinos de As Gándaras debieron haber visto algún globo raro de esos –pensaron los periodistas- y lo han confundido con OVNIs...”. Y así lo reflejaron en un escueto artículo publicado en la sección de Ultima Hora (Página 52) de “El Progreso” al día siguiente. Les falló el instinto. Porque a pesar de tan peregrino intento de explicación, la zona de As Gándaras, la provincia de Lugo, la región de Galicia, y en general el Noroeste español estaba a punto de vivir una oleada OVNI sin precedentes en la historia. Los periodistas de “El Progreso” no supieron intuir que habían sido los actores del primer acto de un drama extraordinario...

Viernes, 22 de diciembre de 1995
Cuartel de As Gándaras (Lugo)
11:00 AM

No fue fácil superar los controles, y burlar el riguroso velo militar para penetrar en el interior de la Base, pero lo había conseguido... otra vez. Y ahora me encontraba en el despacho del Brigada Amado, un militar de aspecto impecable; uniforme “de campaña”, pelo rasurado y “cara de poker”.

- ¿Qué ocurrió exactamente el pasado día 24?

- Algo extraño –me responde muy serio el oficial-. Unos objetos estuvieron dando vueltas por ahí, pero no tenemos idea de que eran...

- ¿Quién los vio? –insisto yo.

- El Teniente y varios soldados. Además se grabó con una de las cámaras de vigilancia.

- ¿En que dirección?

- Sur/sureste, por allí –me explica señalando con el dedo a través de la ventana del despacho.

- ¿Se movían esos objetos?

- Según se aprecia en la película uno, el más grande, esta quieto, y a su izquierda hay otros que se mueven de forma extraña.

- ¿Desde donde se filmó?

- Desde aquella torre de vigilancia, a unos seis metros del suelo...

Efectivamente, desde la tortea principal de vigilancia se controla todo el perímetro del cuartel, un polvorín del Ejercito de Tierra que, precisamente por su delicado contenido, merece todas las atenciones y precauciones militares habidas y por haber. La penetración de elementos foráneos en aquellas instalaciones, con el riego de robar explosivos o armas, sería un incidente extremadamente grabe. Así pues es lógico el celo y la vigilancia extrema de las instalaciones. Aunque en esta ocasión yo había conseguido burlar aquel celo, no importa como.

La visita a las instalaciones de la Base, las entrevistas con los testigos civiles y militares en los alrededores de la misma, el interrogatorio a los periodistas que cubrieron la noticia, la visita a las comisarías de policía y los cuarteles de la Guardia Civil de la zona, y la consulta a los ufólogos gallegos que investigaron el caso, me permite ahora reconstruir con detalle lo que ocurrió aquella noche, en el cuartel de As Gándaras.

Jueves, 28 de noviembre de 1995
Cuartel de As Gándaras (Lugo)
09:00 PM

El soldado de guardia no da crédito a sus ojos. Por más que fuerza la vista no puede observar visualmente lo que la cámara de infrarrojos refleja en el monitor. Un gran objeto oval parece estar suspendido en el cielo, frente a la Base, encendiendo y apagando aleatóriamente las luces que le otorgan una apariencia romboidal. Las condiciones meteorológicas no eran las más idóneas. El cielo estaba nublado, y aunque habían caído chubascos aislados (1 litro por metro cuadrado), y la temperatura había oscilado entre 10º y 7º, no había ningún fenómeno meteorológico que explicase aquel extraño fenómeno. Tras cerciorarse de que el monitor no estaba averiado, y como es su obligación, el recluta notificó inmediatamente al Jefe de Servicio aquel extraño suceso. 

El Teniente y varios soldados observaron con sus propios ojos el “OVNI invisible” que aparecía en la pantalla de la cámara infrarroja, situado estratégicamente en el cielo, justo encima de la alambrada y farolas próximas al cuartel. Visualmente solo podían apreciarse unas enigmáticas luces que evolucionaban erráticamente en el cielo.

Al mismo tiempo, en el campo de fútbol que se encuentra a escasos 50 metros del cuartel, Eduardo, entrenador del equipo de fútbol La Milagrosa, y varios de sus jugadores, observan las misma luces en el cielo lucense. Es decir, el fenómeno no se limitaba a un foco de calor en el campo infrarrojo, sino que obedecían a alguna causa física perceptible visualmente.

Manuel Díaz Souto, responsable de mantenimiento del campo de fútbol, mataba el tiempo, como cada día, entre aburrido y resignado, mientras los equipos locales completaban su entrenamiento en el pequeño estadio. De pronto –según me relató cuando le visité en sus instalaciones- varios militares irrumpieron en su despacho visiblemente alterados. “Me ordenaron que apagase los focos del estadio sin darme más explicaciones –me explica Díaz Couto-, pero hablaban apresuradamente entre ellos y con el cuartel, a través de los transmisores que llevaban...”.

Los soldados que “asaltaron” el campo de fútbol de As Gándaras, tras ordenar al encargado apagar los focos del mismos, se movían de un extremo a otro del recinto, nerviosamente. “Miraban en dirección al asilo, como si estuviesen buscando algo en el cielo –insiste Manuel Díaz- pero no quisieron decirme de que se trataba”.

Paralelamente, el Teniente Vila, oficial al mando en la Base, había telefoneado a la delegación de la Televisión de Galicia en Lugo, cuyas instalaciones se encontraban entonces, precisamente, en los locales del diario “El Progreso”. El oficial había pensado que una cámara de TV profesional, con un teleobjetivo de mayor alcance que la sencilla cámara de vigilancia del cuartel, le permitiría captar con mayor definición al No Identificado. Pese a ello, la redactora Sabela Corbelle y el fotógrafo José Vázquez se presentaron en la Base en plenos acontecimientos y pudieron ver con sus propios ojos –y lo que es más importante, fotografiar- la imagen del extraño objeto que aparecía en la grabación en vídeo tomada aquella noche. “Daba la impresión –me explicarían personalmente ambos testigos- de que los objetos más pequeños se metían en el grande...”.

Según las informaciones que recogí entre todos los protagonistas del drama, el fenómeno duró casi toda la noche, pudiendo ser grabadas al menos 3 cintas de vídeo, de 3 horas de duración cada una, con las evoluciones del objeto. Mientras los militares se movilizaban en torno al cuartel de As Gándaras en busca del OVNI, el Teniente Vila redactaba el informe pertinente ante una movilización de tropas como aquella. Y como es habitual una férrea losa de silencio oficial calló sobre el caso en cuanto el oficial cerró el expediente para remitirlo a sus superiores.

Oficialmente los OVNIs filmados y avistados en la Base serían “luces de coches en algún monte” y las “luces de la cantera de Ferbedoira”. Al rastrear la zona y visitar la mencionada cantera me encontré con que no existen montes al S/SE de la Base, y que la única luz en la cantera, a las 21:00 de la noche, es una triste y solitaria bombilla de una farola aislada...

Marcelino Requejo, entrañable e inagotable investigador afincado en Lugo, me facilitaría otros valiosos datos. “El caso del día 28 no es un suceso aislado. Una auténtica oleada de avistamientos se está dando en esta zona estos días, al mismo tiempo que vivimos una sucesión de movimientos sísmicos. Mas de setenta en el último mes. Y por si esto no fuese bastante –continúa Requejo- entre el incidente del día 23 y el del 28, exactamente el domingo 26 de noviembre, dos cazas militares estuvieron sobrevolando esta zona a baja altura ¿Qué estarían buscando?”. 

Tal vez la presencia de aviones de caza en los cielos gallegos estuviese relacionada con el objeto luminoso que había sido observado por David R., a las 06:30 del viernes 27 de octubre anterior, sobrevolando a baja altura la ciudad de Lugo. Según pude comprobar no existían planes de vuelo que justificasen la presencia de aviones convencionales o helicópteros en la zona...

O tal vez se relacionase con el OVNI avistado el sábado 11 de noviembre, desde un cuarto piso en un edificio de Lugo, por un vecino que contempló durante media hora las evoluciones del No Identificado “que cambiaba constantemente de color y de posición”, en torno a las 11:30 de la noche.

Aunque también podía relacionarse con el objeto observado por un matrimonio de A Piringalla, el 19 de noviembre a las 07:45 de la tarde. O quizás con el platillo volante “con ventanillas” avistado sobre As Gándaras el 23 de noviembre, al que ya me referí, o con cualquiera de los otros incidentes recogidos en torno a Lugo aquel mes de noviembre...

Ni Marcelino Requejo ni yo podíamos imaginarnos, mientras compartíamos una taza de café caliente en una céntrica cafetería lucense, a los pies de la legendaria muralla romana de Lugo, la incontenible oleada OVNI a la que tendríamos que enfrentarnos en las próximas semanas... Ni a la constante presencia de cazas militares en los mismos cielos surcados por los No Identificados...



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