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EL QUINTO ELEMENTO: AMOR Y ODIO



En la superproducción cinematográfica "El Quinto Elemento", el amor se convierte en la fuerza desencadenante de los cuatro elementos tradicionales; tierra, agua, fuego y aire, para salvar al planeta de una destrucción inminente. Pero dejando al margen los efectos especiales y el fantástico guión del film, son muchas las escuelas esotéricas que han visto en el amor un quinto elemento de las fuerzas de la naturaleza, capaz de activar los cuatro restantes. Y los místicos de todas las tradiciones han apuntado en esa dirección.


La bibliografía médica ha documentado casos en los que una madre angustiada es capaz de producir fenómenos de hiperdinamismo o sansonismo, levantando un coche que acababa de atropellar a su hijo, para poder rescatarlo de entre sus ruedas; o casos de curaciones espontáneas o “salidas” de un coma, debidas a la intensa emoción que vive en enfermo al ser visitado por alguien a quien amaba o admiraba intensamente, pero hay más...

Un análisis detallado de la poesía mística de los grandes contemplativos cristianos, musulmanes, judíos, etc, nos ofrecería enormes paralelismos, pero sobretodo la componente amorosa, y casi pasional, de la relación de dichos místicos con Dios y el universo. La literatura de Santa Teresa de Jesús, o del sufí Rumi (que en toda su obra se refiere a Alah como "el Amado") ha sido objeto de numerosas críticas por el apasionamiento amoroso, casi rayando lo sexual, con que dichos místicos hablaban de su fusión con el Absoluto. Místicos que, por otro lado, protagonizaban todo tipo de fenómenos paranormales como levitaciones, estigmas, clarividencia, bilocación, etc. Como si esa pasión mística, como lo es todo proceso de enamoramiento, activase una espita en el cerebro de sus protagonistas, que abriese las puertas de la experiencia paranormal.

Aún a riesgo de poder parecer irreverentes y un tanto heréticos, tal vez deberíamos analizar esa relación entre los fenómenos físicos del místicismo, producidos en el contexto sufí, cristiano o hinduista, y las intensas reacciones electroquímicas que se producen en el cerebro de los místicos al vivir sus trances de apasionado e incontenible amor a Dios.

Desde los chamanes siberianos a los yoguis hindús, pasando por los esoteristas europeos, los derviches sufís o los contemplativos judeocristianos... todos han coincidido, a lo largo de la historia, en el inmenso poder del amor.


A pesar de que el banal y excesivo uso de esta palabra, en labios de místicos, contactados, visionarios e iluminados de todos los tiempos, haya terminado por erosionar hasta eliminar el significado del concepto amor. Y aún a riesgo de sonar ñoño, obsoleto, cursi y caduco, lo cierto es que ese concepto, que ni los poetas más sublimes han conseguido definir, es capaz de activar capacidades y poderes insólitos en nuestra mente.

Por esa razón probablemente, todas las escuelas esotéricas insisten en que la única forma de construir un futuro, no solo individual, sino planetario, será a través de ese "quinto elemento". Algo que en la actualidad se dedican a ejercitar más anónimos y agnósticos voluntarios de todo tipo de organizaciones humanitarias, que los grandilocuentes gurús de la Nueva Era.

¿Un sexto elemento?
EL LADO OSCURO Y EL PODER DEL ODIO

En el llamado mundo de la Nueva Era existen grupos esotéricos que pretenden haber demostrado el poder psíquico del amor para influir sobre el crecimiento de las plantas, como en el caso de Feindhor, o la reducción de la delincuencia, como en el "Proyecto La Fuente" de Colin Bloyle. En este caso docenas de personas meditaban en torno a una fuente inglesa, para proyectar amor y positividad a toda la comunidad.

Sin embargo existen grupos esotéricos que practican exactamente lo contrario. En diferentes colectivos ocultistas, como la Iglesia de Satán de Antón LaVey, se proclama que el odio posee la misma capacidad energética que el amor, y el mismo LaVey instruyó a sus alumnos antes de morir sobre las técnicas para canalizar el odio como un elemento de energía. La rabia, la frustración o la ira pueden ser utilizadas en beneficio propio como fuente de energía para trabajar más, cumplir ambiciones, o simplemente para proyectar los malos pensamientos contra el ser odiado: el popularmente llamado "mal de ojo".

En algunos de estos grupos, como la citada Iglesia de Satán, hemos encontrado auténticos "místicos" que en sus arrebatos de apasionado amor por el Diablo protagonizan los mismos fenómenos que muchos contemplantivos cristianos, sufís o hindús. La sacerdotisa satánica Raquel Joana, que se confesaba a EOC como "apasionadamente enamorada de Satán" recibe miles de mensajes psicográficos y ha vivido en su domicilio todo tipo de fenómenos paranormales. ¿Sugiere este caso que tanto el odio como el amor son dos caras de una misma energía? Es posible, sin embargo todas las escuelas esotéricas coinciden en que una ley universal vigente en todas las magias, llamada "Ley del Espejo" devuelve al emisor triplicados todos los deseos que emana. Por tanto siempre será una mejor inversión utilizar la energía del amor, que la del odio.


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